EL SERVICIO DE CORREOS Y EL AUTOMATICO
En la relación sobre el balance
anual del 30 de junio de 1907, el
director del Departamento, George
Von L. Myer, observaba: “Este mé¬
todo de vender sellos se encuentra
ya en uso en otros países y la pro¬
puesta de adoptarlo en los Estados
Unidos ha suscitado gran interés.”
El uso de distribuidores automá¬
ticos se hizo tan popular y difun¬
dido en otros sectores que se hizo
improrrogable su adopción para la
venta de sellos, tarjetas ilustradas
y postales, dado que la máquina
podía construirse con poco gasto
y gran seguridad.
EL CENTRO COMERCIAL
DE WHEATON
trero indica que se trata de una ofi¬
cina de Correos.
La instalación de Wheaton cons¬
tituye el modelo ejemplar al que
no hay más remedio que referirse.
Vamos a examinarla a fondo:
Solamente se ha realizado un
cambio desde que se inauguró: la
sustitución de un aparato para cam¬
biar moneda por un “micromagne-
tic” para cambiar valores y mo¬
neda.
El centro comercial de Wheaton
es un gigantesco complejo comer¬
cial, con más de setenta negocios
de “venta al minuto”, rodeado de
amplias zonas de aparcamiento.
Sus promotores aseguran que se
trata del mayor centro suburbano
de compras en toda la zona este
del país.
Tras de experimentar los apara¬
tos en aquel entonces disponibles,
el Departamento decidió no dar
marcha a la operación. Myer tuvo
que resignarse, pues el hecho de
tener que estampar, en 1908, tiras
de 500 sellos, necesarias para la
venta automática, era algo prema¬
turo.
BALANCE Y
PERSPECTIVAS
Es todavía pronto para hablar,
con conocimiento suficiente de cau¬
sa, de todos los factores que han
contribuido al éxito de las nuevas
oficinas postales.
Dos años después el Gobierno in¬
trodujo los sellos en tiras. Inmedia¬
tamente nació la primera compañía
para la venta automática de sellos.
Desde entonces, el Departamento de
Correos ha venido usando distri¬
buidores automáticos en algunas de
sus oficinas.
La concurrencia con otras ofici¬
nas expendedoras de material postal
no constituye un problema. En
Wheaton, la oficina “self-service”
dista sólo cuatro manzanas de un
despacho tradicional.
El ritmo de adopción de este mo¬
derno sistema de venta hubiera se¬
guido, probablemente, con la mis¬
ma languidez de no haberse intere¬
sado en el asunto Mr. Abel, vice¬
director general de Correos.
Mr. Abel, con sus treinta y dos
años de edad, es el vicedirector
más joven de la Administración Pu¬
blica norteamericana.
Con toda seguridad, se trata del
“Assistant Postmaster General’ mas
joven de la historia del Departa¬
mento. Mr. Abel tiene una fe ili¬
mitada en la venta automática.
“Yo, en este género de cosas,
suelo ser más bien conservador di¬
jo en cierta ocasión Mr. Abel ,
porque no quiero hacer ninguna de¬
claración grandiosa sobre lo que
ocurrirá en el futuro. Pero, al mis¬
mo tiempo, pienso que este concep¬
to es fundamentalmente bueno. Creo
que el modo interno de compor¬
tarse el americano se orienta en
esta dirección. Toda nuestra inge¬
nuidad yanki se dirige a hacer todo
antes y mejor.”
Aunque numerosas personas se
han declarado expresamente en fa¬
vor de la iniciativa, el Departamen¬
to ce Correos ha recibido también
quejas de parte de las compañías
interesadas en la venta de sellos.
Alguna firma ha lamentado el he¬
cho de que el Estado se haya in¬
miscuido en un sector bien servido
—según ellos—por la iniciativa pri¬
vada.
Fitzgerald y Charles Dieman cre¬
yeron que las oficinas “self-service”
marcharía mejor en el interior de
los grandes centros comerciales, pe¬
ro el caso de Atlanta, cuya oficina
se encuentra instalada en un centro
muy modesto y ha tenido un gran
éxito, ha demostrado lo contrario:
La oficina postal está frente a un
aparcamiento, alejado de los nego¬
cios y al lado de una estación de
autobús. Es muy visible desde una
de las avenidas más frecuentadas
del centro comercial y, desde un
pm;xto de vista técnico, no forma
parte de otro edificio.
El Departamento solamente pudo
construir una oficina postal previa
la aprobación específica del Con¬
greso Por esta razón, la oficina de
Wheaton, como los otros “self¬
service” postales, fue construida co¬
mo un pabellón de tres metros de
ancho por nueve de largo. Los dis¬
tribuidores automáticos están colo¬
cados de modo que puedan ser uti-
li’ados a lo largo de todo el perí¬
metro. Dispone de una marquesina
nara proteger al público de las m-
c’emencias del tiempo. Un gran le-
“Lo que considerábamos como el
mínimo en lo que se refiere al ta¬
maño del centro puede ser amplia¬
mente rebajado”, afirmó Fitzgerald,
añadiendo: “Son otros factores los
que hay que tomar en considera¬
ción, tales como la vecindad a una
gran vía de comunicación, la densi¬
dad de la población, la facilidad de
acceso a la oficina en automóvil y
el ingreso medio de los habitantes
de la zona.”
A la vista de lo que antecede,
Mr. Abel se muestra altamente op¬
timista sobre el futuro de las ofici¬
nas postales de venta automática:
“Yo creo—ha declarado Abel -que
está próximo el día en que se po¬
drá encontrar una de estas oficinas
automáticas en todos los importan¬
tes centros comerciales.”
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