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La tónica de estos últimos modelos, pin-hall, tocadiscos y expen¬
dedores, es la de perfección, tanto en la decoración como en los me¬
canismos, aunque sin modificaciones en lo fundamental.
Hemos dejado los detalles de nuestra visita para otro lugar de
nuestra Revista.
Salimos a la calle y nos dispusimos a recorrer las calles princi¬
pales para observar la importancia de los automáticos.
Inmediatamente vimos un bar con dos flamantes pin-bálls y un
tocadiscos, situados en el lugar más visible del establecimiento. En
seguida vimos otro y otros muchos en iguales condiciones, teniendo
en cuenta que la mayoría de estos bares y cafeterías son de espacio
reducido. Además observamos que existe gran afición por esta clase
de aparatos, tanto en París como en las ciudades por las que pasamos.
En este aspecto de abundancia es donde hemos encontrado una
gran diferencia con nuestro país, ya que hemos visto como en Francia
se encuentra mucho más difundido el automático, tanto intensiva
como extensivamente.
Por tanto, hemos aprendido en este viaje que a nosotros nos
falta todavía extender e intensificar la labor de introducción de ma¬
yor número de aparatos en los bares y de destacarlos más en estos
establecimientos, para obtener el pleno rendimieno de nuestros au¬
tomáticos.
Este es el bagaje que nos hemos traído, en nuestro reciente y «**
pidísimo viaje, del país vecino, donde los dueños de los estableci¬
mientos de bares y cafeterías consideran a los aparatos automáticos
como una fuente principal de los ingresos de su estahlecimieno.
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