bar con los malos explotadores,
los que consideran al automáti¬
co como una inversión oportu¬
nista, sin dedicarse a ello en
serio. Finalmente habría que lle¬
gar a un compromiso: el de
respetar los sitios, no tratar de
ocupar él lugar que ocupa ya
otro.
EL FUTURO
1
*
Y, sin embargo, don Julio
Marroquín no se muestra pesi¬
mista en lo que se refiere al fu¬
turo del automático. Efectiva¬
mente, si el automático, en el
aspecto de juegos recreativos,
ha alcanzado ya su techo, ello
quiere decir que su mercado se
ha normalizado o tiende a ñor-
matizarse. El futuro, pues, per¬
tenece a los que conocen bien
este mercado y se hallan bien
situados.
%
EL MUNDO DE LOS
DISCOS
t
Pero por otra parte está el
mundo de los discos. La músi¬
ca, la moderna en particular, es¬
tá ganando cada vez más adep¬
tos en nuestro país. Los conjun¬
tos famosos atraen a la juven¬
tud, que en cualquier momento
está dispuesta a gastarse unas
monedas por escuchar su can¬
ción favorita:
—^E1 porvenir de las máqui¬
nas tocadiscos es prácticamente
ilimitado—afirma el señor Ma¬
rroquí-i—. La gente va entran¬
do en este mundo del disco y
14
4
El salón del señor Marroquín se encuentra en la calle de Eloy Gonzalo.
aumentan de día en día los afi-
clonados. Los discos singles,
una sola grabación, por cada ca¬
ra, han venido a aumentar las
posibilidades económicas de las
radiogramolas. El aficionado, en
efecto, busca su canción favo¬
rita. La otra canción que tiene
que oír le trae sin cuidado. Con
una sola canción se reduce el
tiempo a la mitad (unos tres mi¬
nutos), con lo que la rotación
y, consiguientemente, la recau¬
dación, se multiplica. Se puede
asegurar que con estos discos
singles la recaudación de una
radiogramola ha aumentado en
un cuarenta y cinco por ciento.
—¿Algo más sobre el futuro?
—Están también las máqui¬
nas de venta, que han iniciado
ahora su andadura por nuestro
país. Pero para que tengan una
difusión amplia tendrán que
desaparecer muchos puestos y
kioskos, que por ahora las ha¬
cen una competencia imbatible.
m
EL SALON DE ELOY
GONZALO
Recorremos el salón que di¬
rectamente explota don Julio
Marroquín. En la planta baja,
además de las oficinas y des¬
pacho del director, están insta¬
ladas las mesas de billar y los
futbolines. En la alta, la radio¬
gramola, los pin-balls, las gale¬
rías de tiro, en una variada ga¬
ma, y las mesas de ping-pong-
Decíamos al principio que a
esta última hora de la mañana
el salón se encuentra repleto e
público: El- señor Márróqum
puntualiza:
—Las mejores horas del ne
gocio son las de antes de la co
mida, las de la comida y
,
la tarde. Esta época de Navi
es particularmente
En cambio el verano,
julio y agosto, el negocio
El informador se extraña ®