rrillos que, en 1965 y por primera vez, han realizado una venta de
tabacos peninsulares (no se les permite la venta de tabacos cana¬
rios) que ha representado el veinte por ciento de la venta total en
estancos y establecimientos autorizados, suponiendo, aproximada¬
mente, el doble de la venta obtenida en 1964 por estas máquinas.
También tenemos noticias de que una importante y acreditada
empresa española de automáticos lanza a nuestro mercado los últi¬
mos y lujosos modelos de expendedores automáticos americanos.
El porvenir del automático español esperamos que sea tan bri¬
llante como lo ha sido en los países de su origen.
No obstante, es necesario matizar ciertos aspectos.
Nos referimos a la política fiscal, el gran instrumento que, según
sea manejado, permite el desarrollo de las nuevas industrias, con los
consiguientes beneficios para la economía de la nación, o, por el con¬
trario, su estrangulamiento.
A este respecto nos informa un amable distribuidor de automá¬
ticos de Barcelona que el Ayuntamiento de dicha ciudad condal, en
sus últimas Ordenanzas, ha establecido un apartado, exclusivamente
para máquinas automáticas en la vía pública, por la que implanta
una tasa anual por la instalación de estos aparatos, que oscila según
la categoría de la calle y medida de la máquina, de 7SO a 2.600 pe¬
setas anuales.
Si se tiene en cuenta que estos aparatos venían pagando una tasa
anual de unas 125 pesetas en concepto de vitrinas en fachada, nos
encontramos con que el Ayuntamiento de Barcelona ha perjudicado
notablemente la instalación de estas máquinas, ya que no ha tenido
en cuenta que el beneficio bruto que obtienen es de sólo el siete
por ciento y que con dicho beneficio ha de atenderse a la amorti¬
zación y renovación de los aparatos, gastos de reparación y conser¬
vación, etc., por lo que, a partir de ahora, quedará cerrado el poso
a la instalación de estos automáticos por proporcionar un indiferente
beneficio neto.
Esperamos que el Excelentísimo Ayuntamiento de Barcelona rec
tifique sus Ordenanzas y, sobre todo, pedimos a las autoridades^ nía
nicipales, en general, que antes de establecer sus tasas o sus arbitrios
se provean de informes fehacientes, pues ocurre a veces Qae,^ ptn"
buscar partidas para los presupuestos de ingresos de los
se perjudican empresas, que ha costado mucho organizar, y t
familias dedicadas a la actividad del automático.