Automatico Español

Issue: 1966-April - Ano 2 Num 11

rrillos que, en 1965 y por primera vez, han realizado una venta de
tabacos peninsulares (no se les permite la venta de tabacos cana¬
rios) que ha representado el veinte por ciento de la venta total en
estancos y establecimientos autorizados, suponiendo, aproximada¬
mente, el doble de la venta obtenida en 1964 por estas máquinas.
También tenemos noticias de que una importante y acreditada
empresa española de automáticos lanza a nuestro mercado los últi¬
mos y lujosos modelos de expendedores automáticos americanos.
El porvenir del automático español esperamos que sea tan bri¬
llante como lo ha sido en los países de su origen.
No obstante, es necesario matizar ciertos aspectos.
Nos referimos a la política fiscal, el gran instrumento que, según
sea manejado, permite el desarrollo de las nuevas industrias, con los
consiguientes beneficios para la economía de la nación, o, por el con¬
trario, su estrangulamiento.
A este respecto nos informa un amable distribuidor de automá¬
ticos de Barcelona que el Ayuntamiento de dicha ciudad condal, en
sus últimas Ordenanzas, ha establecido un apartado, exclusivamente
para máquinas automáticas en la vía pública, por la que implanta
una tasa anual por la instalación de estos aparatos, que oscila según
la categoría de la calle y medida de la máquina, de 7SO a 2.600 pe¬
setas anuales.
Si se tiene en cuenta que estos aparatos venían pagando una tasa
anual de unas 125 pesetas en concepto de vitrinas en fachada, nos
encontramos con que el Ayuntamiento de Barcelona ha perjudicado
notablemente la instalación de estas máquinas, ya que no ha tenido
en cuenta que el beneficio bruto que obtienen es de sólo el siete
por ciento y que con dicho beneficio ha de atenderse a la amorti¬
zación y renovación de los aparatos, gastos de reparación y conser¬
vación, etc., por lo que, a partir de ahora, quedará cerrado el poso
a la instalación de estos automáticos por proporcionar un indiferente
beneficio neto.
Esperamos que el Excelentísimo Ayuntamiento de Barcelona rec
tifique sus Ordenanzas y, sobre todo, pedimos a las autoridades^ nía
nicipales, en general, que antes de establecer sus tasas o sus arbitrios
se provean de informes fehacientes, pues ocurre a veces Qae,^ ptn"
buscar partidas para los presupuestos de ingresos de los
se perjudican empresas, que ha costado mucho organizar, y t
familias dedicadas a la actividad del automático.
R
^ I S T A
M
N S U A
25173 47
Director: JESUS SPINOLA VIVAR
AÑO II
r--N^UMEROn

abril
abril 1966
1966
i-egal. M. 5.060.1965 - Romero-Requejo, S. L. - ArdemAns. 65
Noticias de España ...
Noticias del extranjero.
Mercado
automá-
3.333 pesetas de premio
por el nombre de un
salón
.
11
El billar confiere cate¬
goría a los salones ...
14
Exitos musicales .
19
Cartas al director .
Alrededor del mundo ...
24
La noticia nos llega desde Teruel.
La cafetería Dorado, de aquella lo¬
calidad, ha organizado entre sus
clientes tres campeonatos de ‘‘pin-
ball”. A los vencedores se les ha
obsequiado con una espléndica copa.
Creemos que esta iniciativa me¬
rece un amplio comentario por las
posibilidades que encierra para di¬
vulgar la afición y el interés hacia
los juegos recreativos. Hasta ahora,
el “pin-ball” era una máquina indi¬
vidual en la que el jugador compe¬
tía consigo mismo. Bien es verdad
que en el extranjero ya se fabrican
máquinas en las que pueden inter¬
venir hasta cuatro jugadores, pero la
idea de organizar un campeonato
nos parece que por primera vez se
ha hecho en España. Con ello el
“pin-ball” se alinea junto con los '
clásicos juegos de salón, como el
billar, el ping-pong y el futbolín,
en los que la competencia entre dos
rivales y el afán de emulación dan
un atractivo mas al juego.
irlos aspectos merecen desta-
;: En primer lugar el ya citado
íivulgar y estimular la utiliza-
de los “pin-balls”. Cualquier
ietario de un establecimiento
e hacer suya la idea y organi-
n campeonato, que podría ce-
durante las -
horas en las
se uuiciiiLv^
la máquina se utiliza menos,
segundo lugar se orea una di-
?ión deportiva para estas ma
as lo que en definitiva supone
rgumento más para demostrar
al S, al
o á eialquiera otro ,ue
a cambio de unas monedas propor¬
ciona una diversión. Nunca insisti¬
remos demasiado en esta última
cuestión, pues todavía hay gente
que, mal informada, identifica los
“pin-balls” con las máquinas traga¬
perras que afortunadamente están
prohibidas en nuestro país. Y es
extraña dicha confusión por la di¬
ferencia fundamental que existe en¬
tre ambas: un “pin-ball” proporcio¬
na entretenimiento como el billar;
solamente que las bolas, en vez de
moverse manualmente, se disparan
por medio de mecanismos electro¬
mecánicos. Por su parte, las má¬
quinas tragaperras ofrecen a los
usuarios la posibilidad de obtener
premios en metálico, circunstancia
que jamás se da en el “pin-ball”.
Pero volvamos al campeonato de
“pin-ball” y estudiemos ahora las
posibilidades que encierra dicha
idea. Aparte de la organización de
campeonatos en todos los estableci¬
mientos que posean una máquina,
lo que trae aparejado un aumento
sustancial de las recaudaciones, si
la idea cuaja, podría después ex¬
tenderse a competiciones entre los
camoeones de los establecimientos
de una misma localidad y posterior¬
mente a los de la provincia. Los
campeones provinciales, a su vez,
comoetirían para obtener un título
nacional. Como ven, las posibilida¬
des son ilimitadas.
Nuestra revista podría ser el ca¬
talizador o centro informativo don¬
de se iría reflejando la marcha de
dicho campeonato. Naturalmente só¬
lo se trata ahora de esbozar una

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