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Automatico Español

Issue: 1965-October - Ano 1 Num 5 - Page 17

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SON CASI
tros padres. Moderno, conserva un
no sé qué de tradicional que le
da un encanto que no pasa des-
apercibido para el cliente ocasio¬
nal.
I>i>n AHnvIo Qnintanar en la puer-
la de !«n estableriniienlii.
“El Pato Rojo" se encuentra
situado en la calle de La Pue¬
bla. encrucijada madrileña de vi¬
da palpitante. Vecina a la B.i-
llesta. la calle de La Puebla con¬
serva casi intacto su madrile-
ñismo decimonónico. Se adivinan
allí pensiones y restaurantes estu¬
diantiles. un poco en retirada por
la huida de la Universidad en bus¬
ca de más amplios horizontes.
“El Pato Rojo" es un bar mez¬
cla de nuestra época y la de nues¬
»ar^ ‘‘•lentes les gusta echa
parada mientras e.speran
Don Alfredo Quintanar ircin-
tra y nueve años, cubano de naci¬
miento —es el dueño y gerente del
bar. Don Alfredo lleva tres años
afincado en España. Su seriedad
caribeña no es obstáculo para
que se abra inmediatamente a la
curiosidad del informador. Tiene
como un aire nostálgico del tró¬
pico. pero se adapta a la perfec¬
ción a los amplios y limpios ho¬
rizontes de la meseta.
En “El Pato Rojo" tres má¬
quinas automticas: un “KING-
BALL". un “NAIROBI” y una
gramola “EMBAJ.ADOR 100".
A los clientes les gusta echar
una partida mientras esperan—di¬
ce el señor Quintanar.
AI principio, el señor Quintanar
dudaba de la utilidad de estos
aparatos. No creía que pudieran
constituir un elemento útil para
el negocio:
Me he convencido de que son
poco menos que indispensables.
Casi tanto como la cafetera.
¿y quienes son ¡os que ¡ue-
gan?
Todo el mundo, pero quizá
más las personas mayores. Los
jóvenes se inclinan más por la
música.
Los clientes, en definitiva, acu¬
den a esta clase de establecimien¬
tos para distraer sus horas de
asueto o para celebrar entrevis¬
tas, muchas de ellas de tipo co¬
mercial, al propio tiempo que rea¬
lizan las consumiciones propias
del ramo de hostelería.
Parece lógico, pues, que estos
aparatos les distraigan de esta ul¬
tima ocupación: la consumición.
--¿Es así, don Alfredo?
Al contrario. Las máquinas
contribuyen a una mayor venta
en la barra. El cliente que se dis¬
trae con las máquinas no deja
También el señor Quintanar juega
(le vez en cuando una partida
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