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¿Cubano?
I ero
quier o,r. cosa, pa,;„
hl cliente necesita novedad
aquí que se precise de „„a
tante renovación del material
.servicio:
Cada año renovamos las má
quinas apostilla el señor Quin
tañar.
- -¿Se quejan l o s clientes del
funcionamiento de los aparatos?
—Se quejan si fallan, claro. Pe¬
ro esto ocurie en pocas ocasio¬
La
acogedora
barra
de
nes. Y cuando ocurre basta una
llamada telefónica para que se
«El Pato llojo»
de consumir lo que en él sea ha¬
Se trata de una cuestión de edu¬
bitual, y prendido en el interés
cación. Para ello se controla a
de su distracción permanece más
tiempo en el local, y de esta ma¬
distancia el volumen de la selec¬
nera realiza aquí el servicio que
do en la parte interior de la barra
del establecimiento.
pudiera haber consumido en otro
ción a través de un mando situa¬
establecimiento sin estos atracti¬
vos.
Hemos comprobado que el gra¬
to ambiente de “El Pato Rojo”,
Sigue explicando don Alfredo
al informador que en las últimas
horas de la tarde — la hora del
aperitivo—es cuando asisten más
clientes y más aficionados a los
juegos y a la música.
con su excelente decoración, faci¬
litan el placer de escuchar la mú¬
sica, en especial cuando los acor¬
Lógico. En estas horas es cuan¬
do han sido acabadas de dejar
todas las ocupaciones que obligan
durante el día a tener la respon¬
sabilidad del trabajo y sus preocu¬
paciones.
El informador se interesa por si
existe problema de ruido.
- -En realidad, no lo hay. Sin
embargo, una pequeña parte del
público gusta de escuchar la mú¬
sica a pleno volumen, pero pronto
es convencida de que las selec¬
ciones se aprecian mejor cuando
el volumen se regula convenien¬
temente.
En general, las estridencias y
exageraciones molestan en todas
las facetas de la vida.
lia gramola, Hitnnda entre
las do» puerta», cerra del
cliente ilel mostrador
des son reflejados con tenue vo¬
lumen, haciendo de melodioso
fondo.
—¿Qué música prefieren
dientes?
los
—La sudamericana en general.
El disco que más ponen en mi
bar es el de “La pollera colorá”.
presente un mecánico de la casa
y lo arregle en un periquete. El
cliente exige y hay que tenerlo
contento.
El señor Quintanar, pues, está
satisfecho con sus máquinas, del
resultado que le dan;
—^Tengo el bar desde hace dos
años y medio y nunca he cam¬
biado de marca—añade—•. Tam¬
bién yo soy aficionado a echar
de vez en cuando una partida.
Entre sorbo y sorbo de cerve¬
za, y a los acordes del ritmo amu¬
latado de “La pollera colorá”, el
informador termina su misión.
Unas fotos y hasta la vista don
Alfredo, que arraigue en España,
y en Madrid, por todos los lar¬
gos años de su vida.