i
maquinas accionadas por
monedas
Una industria
acreditada
C
UANDO alguien o algo, persona o cosa, aparece por primera
vez en' un determinado ambiente, ya sea social o comercial,
inmediatamente se ve sometido a la observación de todos
los que desean conocer profundamente cd recién llegado, y así poder
llegar a apreciar sus cualidades o a prevenirse de sus defectos.
Empiezan a producirse, entonces, un sinnúmero de opiniones y
juicios prematuros, unos positivos y otros negativos, se observa desde
todos los ángulos, hasta que, en principio, se acepta o no a la per¬
sona u objeto de que se trate. Más tarde, por el discurrir del tiem¬
po, van desapareciendo los prejuicios y ya, sin lugar a dudas, se ve
todo en su auténtica dimensión.
El automático accionado por monedas, en sus modalidades de
máquinas recreativas y de venta, ha sido uno de los objetos más
traídos y llevados en cuanto a su consideración social se refiere.
Cuando llegó a España por primera vez se desconocía, en gene¬
ral, la importancia de esta nueva industria, como ocurrió más tarde,
por ejemplo, con la televisión, aunque a diferencia de ésta el auto¬
mático tuvo que vencer la leyenda negra que había adquirido en
América del Norte, donde, en algunos casos, su explotación cayó,
antiguamente, en manos de desaprensivos, así como el comercio de
tantas otras cosas.
Pero, como decíamos antes, el tiempo se encarga de disipar las
nubes de humo y deja ver, con toda claridad, cómo, actualmente,
nos encontramos, de una parte, con una industria en pleno desarro¬
llo, con miles de hombres que han encontrado en ella su profesión
y su medio de superación y, de otra, un público, cada vez más nu¬
meroso, que acoge a diario esta gran gama de aparatos.
1