•'¿z
N
'■•f
.
Aros—. Tenemos toda la pro¬
la máquina;
brica de Talleres del Llo-
ducción vendida con varios me¬
balls hay que defender la bola
bregat,
ses de anticipación.
sin intervención de mecanismos
en
San
Numerosos clientes siguen pi¬
ajenos a la voluntad del jugador.
cercanos a Barcelona que cam¬
diendo modelos antiguos, como
No obstante este criterio, Ta¬
bia
fisonomía
el ‘Tndianápolis”, pese a ser un
lleres del Llobregat también ha
merced a la expansión indus¬
pin-ball con cinco años de exis¬
realizado
trial. Don Domingo Aros Du-
tencia. El señor Aros señala ha¬
máquinas de juego más compli¬
rán, director comercial-gerente
cia un rincón donde hay uno en
cado—como la “Haiti”—, pero
de la firma, nos acompaña en
reparación enviado por su pro¬
han comprobado que el merca¬
el recorrido por la fábrica y nos
pietario, que desea seguir explo¬
do español exige la sencillez. Y
informa
tándolo.
esta premisa se ha convertido
sobre
de
sus
diferentes
secciones. Visitamos en primer
lugar la nave de montaje. Varios
mecánicos manipulan sobre los
tableros,
mientras
suenan
—Ahora, en invierno, es la
•■'
'
en nuestros pin-
Baudilio, uno de tantos pueblos
velozmente
'.
\ ',.«A
os encontramos en la fá¬
situada
^,
varios
ensavos
«/
con
en el lema de Talleres del Llo¬
bregat.
mejor época para las ventas.
En el extremo de la nave de
los
montaje se encuentra el labora¬
familiares t a b 1 e t e o s de los
torio, donde se proyectan los
ABARATAR COSTES
i
“bumpers”. Alineadas en el cen¬
tro de la nave hay treinta pin-
balls de diferentes modelos que
saldrán
esa
misma
tarde
con
destino a Madrid.
Un
nuevos modelos.
—La tónica de todos nuestros
ancho
pasillo en ligero
declive conduce al almacén de
pin-balls es la sencillez—conti¬
salida
núa el señor Aros—. Nuestras
aquí reina incesante activida ■
máquinas
Otro grupo de obreros
están
adaptadas
al
de
máquinas.
También
^
4
—Nosotros no vendemos, nos
compra n—asegura
12
el
señor
gusto del jugador español. El
jugador debe trabajar más que
un pin-ball en una
Por una escalera metálica,
J