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i'U'iic a la meinoria aqnvl conmo-
votlor caso del norteamericano Steplienson, el inventor de la inú-
tp¡ina ferrtH'iaria de vapor, cnando este hombre tuvo que luchar,
durante lardos anos, contra los que preconizaban graves peli^iros al
ferrocarril, como descarrilaniientos e incendios en los campos, o como
trastornos cerebrales en los viajeros y vértifios en los espectadores
que, se^iún un Colegio Médico de Baviera, produciría la velocidad
del tren, y para cortarlos aconsejaba la construcción de altas pare¬
des a ambos lados de la vía: también contra los técnicos de su país,
que consideraban inevitable el patinaje de la locomotora sobre ca¬
rriles lisos y, por consiguiente, imposible que avanzase. Pero supo
vencer a estos y más obstáculos sin más armas que su inteligencia
y la fe en su propio esfuerzo.
A menor escala, nos viene ocurriendo en España algo parecido
con los automáticos recreativos.
Se dan todavía casos, como ha ocurrido no hace mucho en Ali¬
cante, que alguien manifiesta en una reunión que estos aparatos son
perjudiciales para la juventud. A continuación influencian a las auto¬
ridades y promueven su prohibición.
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Más tarde, al estudiar detenidamente esta faceta del automatis¬
mo, se comprueba lo inofensivo de estos aparatos y se aprecia, por
otra parte, el esfuerzo de nuestra industria para conseguirlos: enton¬
ces se rectifica y vuelve la normalidad.
Queremos abrir nuestras puertas para que se nos conozca y nos
ayude a engrandecer nuestra industria del automático.