Automatico Español

Issue: 1966-March - Ano 2 Num 10

OPINION
en esto, uno que nunca haya •
tas máquinas debería eliminarse
todo lo posible el factor suer¬
te. Sacar una partida es más que
nada cuestión de potra.
--¿No cuenta entonces la ha¬
bilidad.
— Sí, pero muy poco. La bola
va por donde ella quiere y pasa
por el canal que se le antoja. Su
itinerario no hay forma, prácti¬
camente, de calcularlo. La úni¬
ca habilidad consiste en no de¬
jar que la bola se escape al de¬
pósito.
L1 futbolín continúa siendo una de
las máquinas claves de un salón.
Lo más importante es te¬
nerlas en perfectas condiciones
de funcionamiento. En algunos
sitios no reparan las averías y
fallan algunos pasos de bola, al¬
gunos canales que, al no encen¬
derse, dejan de puntuar, como
era su deber. Con ello la posi¬
bilidad de obtener partida se
hace más difícil.
Emilio Muñoz tiene prisa
—ocupaciones—-y se marcha a
sus cosas. El cronista, mientras
tanto, sigue curioseando entre
los jugadores.
—¿No interviene también la
suerte en los encestes de tu jue¬
go favorito?
V-/
—Sí, pero es diferente.
—¿En qué sentido?
Marino González titubea, re¬
flexiona un momento y, al fin,
dice:
—Lo cierto es que un equipo
de baloncesto formado por unos
cualesquiera jamás podría ven¬
cer al Real Madrid, por ejemplo.
No existe la menor posibilidad
de que ello ocurra. En cambio
gado puede sacar partida Kr;,/,'
y no es raro que ocurra, mi(.^
tras que el que juega todos |„,
días se queda, muchas veces'
con dos palmos de narices
Marino González h a h | ü
piensa, como puede comprobar¬
se, con sentido deportivo. Pm
él, el juego es deporte y c| de¬
porte habilidad y entrega. p|
azar, según Marino, es algo f)U(.
hay que desterrar al máximo.
EL PLACER DE LA CAZA
SIN PELIGRO
El soldado de aviación se le
escapa por los pelos al cronista,
al salir disparado tras de un ta¬
xi que pasaba por la puerta. El
soldado acababa de abatir lin¬
damente a su pieza, con aires
de consumado cazador. Al cro¬
nista le hubiera gustado cono¬
cer la opinión de este aparente
—hay que suponerlo especia¬
lista en armas sobre las galerías
de tiro.
Pero si se escapó el soldado,
su compañero siguió en la sala,
HABILIDAD MEJOR QUE
AZAR
Marino González es de Ma¬
drid. Estudia bachillerato y le
apasiona el baloncesto. Estatura
no le faltará para ello, pues a
sus quince años debe sobrepa¬
sar con creces los 175 centíme¬
tros.
A mí me parece que en es-
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Las máquinas son un entretenimiento sano y e
conúmico.
mínimo y unas veces y otras no.
i lo parece que
apuntas lo mismo?
siempre
Eso me parece. También mo
pistaría que sonara, de verdad,
el disparo.
I.a juventud, como so ve, yus-
la del ruido, tanto de las esco¬
petas como ile los escapes libres
de las motocicletas. Quizó se
trate de una suerte de diálogo
con la máquina, algo que tiene
vida piopia para sus usuarios.
V F
^'WNvvx^XV"^VV \V\\\\y y
UN NUEVO DEPORTE
"pin
*9
se conjugan el azar y la habilidad del jugador.
preparándose para la incruenta
cacería.
Joaquín Rodríguez, como de
veinte años, nació en Madrid,
de padres asturianos, y ayuda
a sus progenitores en lo del ne¬
gocio de la vaquería:
—Hay pocas galerías de tiro.
A mí me parece apasionante eso
de derribar a un oso.
acecho detrás de cada escon¬
drijo. Pero aquí las fieras no
parecen peligrosas y se les pue¬
de apuntar a modo, sin temor a
que salten sobre uno.
—¿Encuentras algún inconve¬
niente a estas galerías?
—Pues... uno no sabe muy
bien por qué falla y por qué
acierta. Yo apunto siempre lo
Joaquín Rodríguez no ha vis¬
to un oso de verdad ni tan si¬
El cronista no quiere irse de
vacío de la sala y prueba for¬
tuna en un par de juegos. El
cronista, humildemente, tiene
que reconocer que no logró aba¬
tir ni a una sola pieza ¡estas
escopetas 1 ni sacar partida
gratis en el pin-ball. El cronis¬
ta, después de todo, se marcha
convencido de que para ences¬
tar en estas máquinas también
es necesaria la habilidad y la
dedicación. Convertirse, en una
palabra, en deportista.
vi
quiera en el Retiro. Sólo en el
cine y eso pese a que sus padres
le han hablado de los que mo¬
ran, todavía, por las montañas
asturianas. Tampoco ha ido ja¬
más de caza, ni tan siquiera a
la perdiz, el conejo o la liebre:
Y, sin embargo, me entre¬
tiene la galería de tiro. Lo de
la caza debe ser algo apasio¬
nante.
Cuando Joaquín Rodríguez
habla de la caza lo hace como
si ya se viera formando parte
de un emocionante safari por la
selva africana, con el peligro al
I
En las Serias de tiro
imede apuntar a las fiera, *in temor de que
uno
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