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Issue: 1966-April - Ano 2 Num 11

LA CULPA FUE
DEL ARBITRO
Hace días una empresa fabri¬
cante de “pin-balls” y tocadis¬
cos celebró un banquete en un
céntrico hotel de Madrid, al que
invitó a sus Concesionarios y
Representantes de toda España.
En el mismo hotel, la noche
anterior, el Real Madrid dio un
banquete de despedida a un
equipo belga. Todo el mundo
sabe cómo trataron los jugado¬
res belgas al árbitro del encuen¬
tro en aquel banquete, pues la
Prensa dio puntual noticia de
“aquello”.
Ni que decir tiene que los
mismos camareros que servían
el banquete que dio el Madrid
fueron lOá que atendieron a los
invitados de la empresa fabri¬
cante de “pin-balls” y tocadis¬
cos.
A la -hora de los discursos
se levantó a hablar el Conseje¬
ro-Delegado de dicha empresa,
quien comenzó en estos térmi¬
nos :
■ .
—Yo soy belga y téhgó difi*
cultadfiS de expresión en cas¬
tellano, etc», etc...
Y en ese momento uno de los
camarííifs que estaban sirvien¬
do susurró:
— ¡Menos mal que yá se ha
ido el árbitro 1
NO ES PARA TANTO
Un agente vendedor de “pin-
balls” consiguió tras mucho te¬
són y paciencia colocar un apa¬
rato en un bar en el que el pro¬
pietario no había manera de
convencerle de que “aquellos
chismes”, según su expresión,
dieran algo o sirvieran para algo.
Conseguida la aquiescencia
del dueño, lo llevó en prueba
de venta, se lo instaló y... des¬
apareció.
Pasaron veinte días sin que el
agente diera señales de vida,
pero al que hacía veintiuno apa¬
reció por el bar, pidió con mu¬
cha flema un café, encendió un
pitillo y se dispuso a esperar.
A poco apareció el dueño,
quien, sin poder reprimirse, le
dijo precipitadamente:
--Pero hombre, ¿dónde se
ha metido usted? Le he queri¬
do localizar y no me ha sido
posible. Amigo j esto es una
mina! Lo compro, lo compro.
Y el agente, sin apenas mo¬
verse, mirándole entre burlón
y despreciativo, le contestó:
—Se ha estado usted equivo¬
cando durante dos años y aho¬
ra lo reconoce. Pues se vuelve
a equivocar: Esto no es una
mina, esto es un “pin-ball”...
SE ROMPIO LA
BOLSA DE MONEDAS
Algunos explotadores de apa¬
ratos automáticos comentaban,
tomando una copa en un bar,
el resultado altamente seguro
de un determinado modelo de
tocadiscos por su ausencia de
averías.
Todos estaban conformes en
que el modelo de que hablaban
era formidable. Todos, menos
uno. Este opinaba que era bue¬
no, pero que también daba ave¬
rías.
Pues es verdad—le dijo
otro de la reunión—: Yo hace
cinco meses que tengo uno en
Azuqueca y me ha dado una
avería.
—¿Cuál ha sido?— preguntó
ingenuamente el disconforme.
—Verás: Me puse enfermo,
no pude ir a recaudar y se rom¬
pió el fondo de la bolsa de las
monedas...
LE COMPRARE
UNA CORONA
En un bar había un “pin-ball
de esos que hacen recaudacio¬
nes fabulosas, el cual, cuando
mayor era la concurrencia a su
alrededor, sufrió una avería.
El propietario llamó por te¬
léfono al mecánico para que fue¬
ra urgentemente a repararlo, pe
ro éste contestó que no po
ir porque se había muerto s
suegra.
Bueno, usted venga— -repuso
propietario—,
ra una corona. Así la ge
rá lo que usted la querí., y
I
FABULOSO PIN-BALL
con sorprendente rendimiento económico d
MEJOR CALIDAD
y
MENOS AVERIAS
TALLERES DEL LLOBREGAT,
ACORAZADO
ESPAÑA,
95
RARCFinNA

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