EDICAMOS
máquinas automáticas, accionadas por monedas, que han sido
creadas para satisfacer, de forma agradable y dinámica, nues¬
tras pequeñas necesidades diarias. A las máquinas que, directamen¬
te, sin esperar y sin impacientarnos, nos ponen a la mano una gran
variedad de artículos; cigarrillos, cerillas, bocadillos, golosinas, re¬
frescos, infusiones calientes, prendas de vestir, tarjetas postales, etc.,
etcétera. Estas máquinas, en América, proporcionan hasta trescientos
artículos de la más diversa variedad.
Los expendedores automáticos se han extendido con facilidad
en los países desarrollados, principalmente por dos de sus cualida¬
des, muy preciadas en nuestro tiempo, como son su rapidez y servi¬
cio permanente, lo que les ha hecho llegar a todos los lugares fre¬
cuentados normalmente. Así, en estos países, en la mayoría de las
empresas, bares, restaurantes, espectáculos, grandes almacenes, etc.
y en cualquier fachada a la calle.
A cualquier hora del día o de la noche, sin sujeción a horarios
laborales, estos aparatos están prestos a proporcionarnos los artícu¬
los que precisemos en un momento determinado. Colaboran con el
hombre cuya actividad está en la calle y muchas veces se abstiene
de tomar un café, refrescos o cigarrillos por no perder tiempo. Tam¬
bién está al servicio de la empresa, evitando las salidas innecesarias
de su personal, con el consiguiente y notable aumento de producti¬
vidad al término del año.
Indudablemente, hasta alcanzar la gran difusión y uso, que ha
logrado esta variada gama de automáticos en otros países, ha sido
preciso que trascurriera un período de perfeccionamiento técnico y
de habituamiento del público consumidor.
En España comienza a sentirse ya esa misma necesidad de obte¬
ner mayor aprovechamiento del tiempo y, como consecuencia, a uti¬
lizarse expendedores.
Prueba de ello nos la dan las máquinas expendedoras de ciga-
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