Automatico Español

Issue: 1965-October - Ano 1 Num 5

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¿Cubano?
I ero
quier o,r. cosa, pa,;„
hl cliente necesita novedad
aquí que se precise de „„a
tante renovación del material
.servicio:
Cada año renovamos las má
quinas apostilla el señor Quin
tañar.
- -¿Se quejan l o s clientes del
funcionamiento de los aparatos?
—Se quejan si fallan, claro. Pe¬
ro esto ocurie en pocas ocasio¬
La
acogedora
barra
de
nes. Y cuando ocurre basta una
llamada telefónica para que se
«El Pato llojo»
de consumir lo que en él sea ha¬
Se trata de una cuestión de edu¬
bitual, y prendido en el interés
cación. Para ello se controla a
de su distracción permanece más
tiempo en el local, y de esta ma¬
distancia el volumen de la selec¬
nera realiza aquí el servicio que
do en la parte interior de la barra
del establecimiento.
pudiera haber consumido en otro
ción a través de un mando situa¬
establecimiento sin estos atracti¬
vos.
Hemos comprobado que el gra¬
to ambiente de “El Pato Rojo”,
Sigue explicando don Alfredo
al informador que en las últimas
horas de la tarde — la hora del
aperitivo—es cuando asisten más
clientes y más aficionados a los
juegos y a la música.
con su excelente decoración, faci¬
litan el placer de escuchar la mú¬
sica, en especial cuando los acor¬
Lógico. En estas horas es cuan¬
do han sido acabadas de dejar
todas las ocupaciones que obligan
durante el día a tener la respon¬
sabilidad del trabajo y sus preocu¬
paciones.
El informador se interesa por si
existe problema de ruido.
- -En realidad, no lo hay. Sin
embargo, una pequeña parte del
público gusta de escuchar la mú¬
sica a pleno volumen, pero pronto
es convencida de que las selec¬
ciones se aprecian mejor cuando
el volumen se regula convenien¬
temente.
En general, las estridencias y
exageraciones molestan en todas
las facetas de la vida.
lia gramola, Hitnnda entre
las do» puerta», cerra del
cliente ilel mostrador
des son reflejados con tenue vo¬
lumen, haciendo de melodioso
fondo.
—¿Qué música prefieren
dientes?
los
—La sudamericana en general.
El disco que más ponen en mi
bar es el de “La pollera colorá”.
presente un mecánico de la casa
y lo arregle en un periquete. El
cliente exige y hay que tenerlo
contento.
El señor Quintanar, pues, está
satisfecho con sus máquinas, del
resultado que le dan;
—^Tengo el bar desde hace dos
años y medio y nunca he cam¬
biado de marca—añade—•. Tam¬
bién yo soy aficionado a echar
de vez en cuando una partida.
Entre sorbo y sorbo de cerve¬
za, y a los acordes del ritmo amu¬
latado de “La pollera colorá”, el
informador termina su misión.
Unas fotos y hasta la vista don
Alfredo, que arraigue en España,
y en Madrid, por todos los lar¬
gos años de su vida.
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tW Todo el mundo sabe que hoy día existe en
Francia una verdadera plétora de billares eléc¬
tricos, que el mercado está seriamente pertur¬
bado, que la concurrencia de nuevos elementos
aparecidos en el mercado hacen la vida difícil
a los verdaderos explotadores y profesionales.
Los impuestos también constituyen un ele¬
mento nada despreciable a la hora de crear
quebraderos de cabeza al sector que comen¬
tamos.
Empero, pese a todas estas dificultades, el
billar eléctrico sigue ocupando un lugar pre¬
ponderante en la economía profesional de
Francia.
Hay que subrayar que se trata de un apa¬
rto de distracción absolutamente inofensivo,
que no representa ningún interés crematístico
para los que lo utilizan. Hace mucho tiempo
que los aparatos llamados a sous (tragaperras)
fueron prohibidos en Francia. El máximo in¬
terés ofrecido por los flippers es el de la par¬
tida gratis.
Lo cierto es que el billar eléctrico ha ad¬
quirido en Francia un auge sensacional. Efec¬
tivamente, ningún país del mundo importó
durante 1964 de Norteamérica tantos billares
eléctricos como Francia, tanto en dólares co¬
mo en número de máquinas. Por todas partes
se ven modelos ultramodernos y la rotación
de los modelos se hace a una cadencia ace¬
lerada.
El automático, en general, y los billares
eléctricos, en particular, han entrado en las
costumbres del ciudadano francés.
Todos los cafés, cervecerías, tabernas..., des¬
de el más pequeño al más grande (excepción
hecha de la cafetería ultrachic), poseen billares
eléctricos, pin-balls, juke-boxes, etc., en la gran
mayoría de los casos explotados por profesio¬
nales del automático.
La revista Automaten Mark ha realizado una
investigación muy interesante sobre este mun¬
do. Para ello consultó un gran número de
cafeterías de diversas clases y categorías, tanto
de establecimientos situados en pleno centro
de París, en los barrios chics, como en la pe¬
riferia y en las afueras de la capital francesa.
En todas partes el sentido de la respuesta
ha sido el mismo: “Los aparatos automáticos
de juego y musicales, y, ya que hablamos de
flippers, los billares eléctricos, se han conver¬
tido para nosotros en un verdadero y auténtico
“bien de equipo”, con el mismo título que la
cafetera, la barra, el sandwich... o el Juego 421.
Los aparatos automáticos constituyen para nos¬
otros una garantía de la fidelidad de nuestros
clientes habituales y un polo de atracción de
nuevos clientes. Sin ello, un café no estaría en
condiciones de soportar la competencia de sus
colegas. Además, el “Flipper” representa para
nosotros una fuente de rentabilidad directa
nada despreciable.”
Automaten Mark al realizar su estudio puso
una atención particular en la zona de los Cam¬
pos Elíseos, sector parisiense, como se sabe,
particularmente frecuentado por los extranje¬
ros.
Para ello se presentaron en el café Le Reíais
Montaigne, sito en 14 rué Marignan, a dos
pasos de los Campos Elíseos, donde mantuvo
una entrevista prolongada con monsieur Chau-

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