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Todo el mundo sabe que hoy día existe en
Francia una verdadera plétora de billares eléc¬
tricos, que el mercado está seriamente pertur¬
bado, que la concurrencia de nuevos elementos
aparecidos en el mercado hacen la vida difícil
a los verdaderos explotadores y profesionales.
Los impuestos también constituyen un ele¬
mento nada despreciable a la hora de crear
quebraderos de cabeza al sector que comen¬
tamos.
Empero, pese a todas estas dificultades, el
billar eléctrico sigue ocupando un lugar pre¬
ponderante en la economía profesional de
Francia.
Hay que subrayar que se trata de un apa¬
rto de distracción absolutamente inofensivo,
que no representa ningún interés crematístico
para los que lo utilizan. Hace mucho tiempo
que los aparatos llamados a sous (tragaperras)
fueron prohibidos en Francia. El máximo in¬
terés ofrecido por los flippers es el de la par¬
tida gratis.
Lo cierto es que el billar eléctrico ha ad¬
quirido en Francia un auge sensacional. Efec¬
tivamente, ningún país del mundo importó
durante 1964 de Norteamérica tantos billares
eléctricos como Francia, tanto en dólares co¬
mo en número de máquinas. Por todas partes
se ven modelos ultramodernos y la rotación
de los modelos se hace a una cadencia ace¬
lerada.
El automático, en general, y los billares
eléctricos, en particular, han entrado en las
costumbres del ciudadano francés.
Todos los cafés, cervecerías, tabernas..., des¬
de el más pequeño al más grande (excepción
hecha de la cafetería ultrachic), poseen billares
eléctricos, pin-balls, juke-boxes, etc., en la gran
mayoría de los casos explotados por profesio¬
nales del automático.
La revista Automaten Mark ha realizado una
investigación muy interesante sobre este mun¬
do. Para ello consultó un gran número de
cafeterías de diversas clases y categorías, tanto
de establecimientos situados en pleno centro
de París, en los barrios chics, como en la pe¬
riferia y en las afueras de la capital francesa.
En todas partes el sentido de la respuesta
ha sido el mismo: “Los aparatos automáticos
de juego y musicales, y, ya que hablamos de
flippers, los billares eléctricos, se han conver¬
tido para nosotros en un verdadero y auténtico
“bien de equipo”, con el mismo título que la
cafetera, la barra, el sandwich... o el Juego 421.
Los aparatos automáticos constituyen para nos¬
otros una garantía de la fidelidad de nuestros
clientes habituales y un polo de atracción de
nuevos clientes. Sin ello, un café no estaría en
condiciones de soportar la competencia de sus
colegas. Además, el “Flipper” representa para
nosotros una fuente de rentabilidad directa
nada despreciable.”
Automaten Mark al realizar su estudio puso
una atención particular en la zona de los Cam¬
pos Elíseos, sector parisiense, como se sabe,
particularmente frecuentado por los extranje¬
ros.
Para ello se presentaron en el café Le Reíais
Montaigne, sito en 14 rué Marignan, a dos
pasos de los Campos Elíseos, donde mantuvo
una entrevista prolongada con monsieur Chau-