Automatico Español

Issue: 1965-October - Ano 1 Num 5

entemente
organizada
final con 22 claves que abarcan
los principales elementos del pin-
ball. Un operario verifica todas
pese a que anteriormente ya han
sido comprobadas al ser monta¬
das en su sección correspondiente.
En otra nave se encuentra la
sección de huchas. Varias dece¬
nas, adosadas a la pared, funcio¬
nan ininterrumpidamente,
Organización perfecta y moderna maquinaria
día
y
noche, antes de recibir el visto
bueno para su instalación.
las
especiales
características
de
Pasamos después a la sección
En suma, una fábrica inteligen¬
nuestra máquina, el mercado se
de pin-balls, dividida en varias
temente organizada, símbolo y re¬
encuentra todavía lejos de la sa¬
dependencias — máquinas herra¬
flejo de la personalidad
turación. En Lodosa (Navarra)
mientas y mecanización, montajes
creador, don José Luis Alonso,
junto a uno de nuestros “Rallys”
parciales (tableros y mecanismos
quien sabe mantener un
tuvieron que poner un cartel pro¬
marcadores), grupos electromecá¬
equilibrio entre sus intereses de
hibiendo jugar más de tres par¬
nicos—y, por fin, la de montaje.
hombre de negocios y los huma¬
tidas seguidas. Claro que el éxito
En todas partes se advierte una
nos y vitales, dando incluso pre¬
de un modelo no puede medirse
organización meticulosa que ha¬
ferencia a estos últimos.
sólo por el rendimiento de los pri¬
bla por sí misma del riguroso con¬
meros meses, aunque siempre que¬
trol de calidad. Cada máquina,
da el recurso de la rotación de
antes
modelos para el explotador.
lleva una hoja de comprobación
de abandonar la fábrica,
de su
difícil
Don José Luis Alonso con-
versa con uno de nuestros
redactores
¿Proyectos?

—Por ahora seguir fabricando
el mismo modelo.
Secciones de la
fábrica
El señor Alonso nos conduce a
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-
través de la fábrica, dividida en
varias secciones. Atravesamos la
de máquinas lanzaplatos, otra es¬
pecialidad de Kromson, que ha
sabido compaginar en este caso
su afición al tiro con el rendi-
miento económico de los nego¬
cios. Dos perros de caza, senta¬
dos en un rincón, testimonian ese
carácter.
%
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\
SON CASI
tros padres. Moderno, conserva un
no sé qué de tradicional que le
da un encanto que no pasa des-
apercibido para el cliente ocasio¬
nal.
I>i>n AHnvIo Qnintanar en la puer-
la de !«n estableriniienlii.
“El Pato Rojo" se encuentra
situado en la calle de La Pue¬
bla. encrucijada madrileña de vi¬
da palpitante. Vecina a la B.i-
llesta. la calle de La Puebla con¬
serva casi intacto su madrile-
ñismo decimonónico. Se adivinan
allí pensiones y restaurantes estu¬
diantiles. un poco en retirada por
la huida de la Universidad en bus¬
ca de más amplios horizontes.
“El Pato Rojo" es un bar mez¬
cla de nuestra época y la de nues¬
»ar^ ‘‘•lentes les gusta echa
parada mientras e.speran
Don Alfredo Quintanar ircin-
tra y nueve años, cubano de naci¬
miento —es el dueño y gerente del
bar. Don Alfredo lleva tres años
afincado en España. Su seriedad
caribeña no es obstáculo para
que se abra inmediatamente a la
curiosidad del informador. Tiene
como un aire nostálgico del tró¬
pico. pero se adapta a la perfec¬
ción a los amplios y limpios ho¬
rizontes de la meseta.
En “El Pato Rojo" tres má¬
quinas automticas: un “KING-
BALL". un “NAIROBI” y una
gramola “EMBAJ.ADOR 100".
A los clientes les gusta echar
una partida mientras esperan—di¬
ce el señor Quintanar.
AI principio, el señor Quintanar
dudaba de la utilidad de estos
aparatos. No creía que pudieran
constituir un elemento útil para
el negocio:
Me he convencido de que son
poco menos que indispensables.
Casi tanto como la cafetera.
¿y quienes son ¡os que ¡ue-
gan?
Todo el mundo, pero quizá
más las personas mayores. Los
jóvenes se inclinan más por la
música.
Los clientes, en definitiva, acu¬
den a esta clase de establecimien¬
tos para distraer sus horas de
asueto o para celebrar entrevis¬
tas, muchas de ellas de tipo co¬
mercial, al propio tiempo que rea¬
lizan las consumiciones propias
del ramo de hostelería.
Parece lógico, pues, que estos
aparatos les distraigan de esta ul¬
tima ocupación: la consumición.
--¿Es así, don Alfredo?
Al contrario. Las máquinas
contribuyen a una mayor venta
en la barra. El cliente que se dis¬
trae con las máquinas no deja
También el señor Quintanar juega
(le vez en cuando una partida
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