Automatico Español

Issue: 1965-November - Ano 1 Num 6

quien no hace aún mucho tiempo creyó
encontrar en la automación la receta mirí-
tica que resolvería los problemas de todas las
industrias y curaría todos los males. En un mo¬
mento, la automación apareció como una encar-
iiauiuii uc la jii vi-ii'-iL'i'- Walkiria
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la victoria a sus protegicios sin que éstos sufrie¬
ran mal alguno. Pero ¿se preguntaron éstos que
presentaban la automación de manera harto im
prudente lo que había de verdad en ello. Antes
de saludarla como la gran revolución del mo¬
mento hubiera sido preciso controlar con sangre
fría cuál era la edad de su entrada en es
y cuáles eran sus límites. Precisamente ese es el
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objetivo de este trabajo: el
cesivas anticipaciones un tanto a sea
tos concretos de juicio. Entien o P
ejemplos reales de automación, ree g
pósito, de ramas muy diversas.
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efectuar, sin el concurso del hombre o con su
concurso reducido, operaciones diversas, infor¬
mativas o materiales, particularmente científicas,
industriales o administrativas, que precedente¬
mente eran ejecutadas sobre todo por el hom¬
bre, con la condición de que esta transformación
apunte hacia un progreso técnico, económico o
social."
¡ Larga parrafada, cierto! Para Drdenar bien
su contenido, produce asombro al principio que
se la haya cargado de tantos incidentes y epíte¬
tos entre comas. La Academia de Ciencias no
tiene la costumbre de acomodar su estilo a los
matorrales del camino; es preciso que se haya
preocupado de evitar todo malentendido para
hacerla tan pesada ya tan llena de precisiones.
Estas se revelan muy útiles en mi caso: van a
ayudarme a descifrar la máscara falaz que pre¬
tende convertir la automación en una revolución.
LOS CRITERIOS DE LAS
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AUTOMACION
REVOLUCIONES
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Felixmente para mí, un trabajo de
lemia de Ciencias va a
comó
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”Tomis,'ón y_ en sesión plenaria, fue ela-
rorada una definición de la au om
ribuirá a esclarecernos el camino. M
'emitirme a ella.
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“La automación cubre, “'J,tendentes a
iencias que implican, las a
De hecho, ¿cómo se reconoce una revolución?
Su primer criterio me parece que es que se loca¬
liza en un corto lapso de tiempo y produce brus¬
camente una perturbación profunda. Otro rasgo,
tampoco accesorio, es que de ordinario esta per¬
turbación va acompañada de serios inconvenien¬
tes para una clase preferencial de la sociedad.
Estos dos criterios reclaman en mi respuesta un
pviyyio y un sQcotido,
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se hace retroceder a la automación ciento setenta
años. ¿Por qué detenerme en el camino?
En el siglo xvii Amontons utilizó la fuerza
elástica del aire caliente para elevar el agua sin
tener—decía él—la pérdida o debilitación de los
caballos. ¿Motivo de dinero o motivo piadoso?
Poco importa. En beneficio del hombre y de su
más noble compañero, Amontons “automatiza¬
ba” ya. ¿La automación una revolución? Enton¬
ces las revoluciones largan velas y tardan dos
siglos en cumplirse.
ACCION POR PEQUEÑOS TOQUES
PRIMO: LEJANAS ASCENDENCIAS
¿Dónde, pues, encontrar en la automación la
brusquedad, el estallido explosivo que justifique,
tratándose de ella, que se pensó en una revolu¬
ción? La mecanización la ha precedido sin que
entre ellas exista frontera neta. En 1870, Privat-
Deschanel, en su diccionario, escribía ya en el
artículo “Máquinas” que, vpese a su débil ren¬
dimiento, “estos aparatos (las máquinas) son de
una inmensa ayuda para las artes y la industria,
porque permiten sustituir la fuerza inteligente y
dispendiosa del hombre por fuerzas de poco va¬
lor”. ¿No era esto dar para la mecanización una
definición que mucha gente aceptaría hoy para
la automación? Estas dos fases de la historia
industrial se suceden, pues, sin interrupción, y el
origen de la automación llega tan lejos como el
de la mecanización, con la cual se confunde.
La definición forjada por la Academia es, se¬
guramente, más completa que la de Privat-Des-
chanel, pero tiene los mismos puntos de vista.
Incluye en la automación todas las acciones, sea
cualquiera la época en que tuvieran lugar, que
han disminuido el concurso del hombre en una
operación informacional o material. ¿Se me ne¬
garía convenir que el telégrafo óptico de Chappe,
anunciando a la Convención la victoria de Du-
naouriez, “automatizaba” la operación informa¬
cional del corredor de Marathón? He aquí que
10
Para que se asemejase a una revolución, sería
preciso que la automación hubiese producido un
cambio profundo de los métodos en acción an-
teriores a ella. Pero costaría, trabajo poner de
manifiesto este cambio que, en realidad, no ha
existido. Es cierto que, hace una decena de años,
y en ciertos países, se lanzaron ciertos clarina-
zos sobre automaciones pretendidas totales que
habrían arrojado al mercado objetos fabricados
en todas sus piezas por plantas mecánicas sin el
concurso de ningún obrero. Si estas afirmacio¬
nes tuviesen alguna correspondencia con la rea¬
lidad, que no sean algunos ensayos desastrosos,
se habría podido ver con razón una revolución.
Pero en verdad, sería preciso cerrar los ojos para
no eonvenir que, en los países en los que la in¬
dustria existe desde hace mucho tiempo y se ha
desarrollado fuertemente, la automación es siem¬
pre en la práctica fraccionada y parcial. Es algo
excepcional que se reemplace a la industria por
nuevos grandes conjuntos en plena actividad.
Cambios tan radicales son siempre los factores
económicos los que los provocan: por ejernplo,
el agotamiento de las fuentes de materias primas
o su empobrecimiento relativo, o incluso la in¬
troducción de nuevas formas de energía, en una
palabra, un trastorno de los datos de base. Pero
la automaeión casi nunca sigue imperativos de
esta naturaleza; en la gran mayoría de los casos
no hace más que crecer donde ya existía y solo
se trata de añadidos. Estos pueden incluso ser
mínimos y frecuentemente repetidos; el talento
del director sólo consiste en distinguir en cada
momento los que se imponen como mas opoi-
tunos. Más que del estallido repentino de una
revolución, esta velocidad de marcha de la auto
macion en los sectores altamente industria iza
dos evoca la idea de una evolución progresM^
que liga sus pasos a un hilo continuo como
cuentas de un rosario.
SECUNDO:
BENEFICA PROMOCION
Tras de este Primo, que a mi me
rentorio, ¿qué necesidad tengo de un Secu

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