Automatico Español

Issue: 1965-November - Ano 1 Num 6

/No CwSlü fclllcldci \'d Crinan? D
ístá anunciado, y sobrrtnH ™
combatir un prejuicio detestaw/
-P'^er do
aun
por favor-destruir algo espantoso, más
desprovisto de consistencia
\)
It, Hool''
que de nocividad:
oí de la clase obrera sacrificada por la automa-
Clon. Como era de esperar pc
^
^
,
esperar, es preciso que toda
revolución encuentre su Ifigenia. En nuestro ca¬
so, sena la clase obrera la que desempeñaría este
papel. Pero no se trata de una clase sumisa y
el . mal estaría en que,
tomando
■_
'
-.^11
01-1 lu
Cilla
en serio
esta
quimera, se pronunciase preventivamente contra
la automación. Aquí está el interés del debate.
Abordémoslo por una vuelta a la historia de
estos últimos tiempos. Desde la decena de anos
en los que se alzo a la automación al ran'^o de
revolución fulgurante, habría tenido tiempo de
colpear profundamente al proletariado si en ver¬
dad hubiera tenido la vocación de desarrollarse
a sus expensas. ¿Pero dónde están las victimes?
Pasemos revista a algunos conflictos sociales re¬
cientes producidos en Francia. Vienen a la me¬
moria Decazeville, las cuencas hulleras del Nor¬
te, las minas del Este, Saint-Nazaire... y, sobre
todas las causas, la insuficiencia de un yacimien¬
to, la concurrencia irresistible del petróleo, el
descubrimiento en ultramar de ricos rninerales
de hierro, la crisis de los transportes marítimos...
En vano se busca la automación. Los hechos la
absuelven. Incluso puede que en algunos casos
hubiese atenuado los dramas si hubiera sido
puesta en marcha a su debido tiempo.
La verdad es que, en la mayor parte de los
casos, la automación florece ‘en épocas de expan¬
sión económica. Y es bueno que ocurra asi, por¬
sanamente preparada, produce sobre to o,
que.
en lugar de despidos,
mSls que se dirige de las ao^-dadesjura-
mente manuales a otras mas cere
se enriquecen mientras
.
P
evi¬
tar todas—la comunidad interesada soporta
Sso sin q'ue una minoría obrera sea la víctima
privilegiada. Sin duda, la manera
ción es siempre conducida con
no hay derecho a esperar a aue
,
caballo de sangre se monta sin 5^P,
‘ A^Un
Corres-
' j
ponde a los centros
a los
nomía mixta el dar, con este fm, ^onse)Os a los
usuarios y hacer comprender
1
,
nificar una amenaza para la clase o^rer^
auto-
_
mación está abocada a favorecer a.
t,p ^efe-
tro la definición académica a la que me he r
rido varias veces. Según ella, v para terminar,
la automación, a menos que deje de ser lo que
es, está destinada a producir un progreso técni¬
co, económico y social. La automación perdería
su eficacia y su sentido si dirigiese a los obreros
contra ella.
i
TIEMPO DE TERMINAR
No hagamos caso, pues, de las afirmaciones
que solamente son chismes lanzados sin base
concreta. Dos fantasmas que ciertamente no se
refuerzan, sino que acusan mutuamente su irrea¬
lidad. Condenemos como solidariamente fá’sos
la atribución de caracteres revolucionarios a la
automación y la idea de que la clase obrera deb"
ser la víctima inevitable. ¿La automación una
revolución? No. ¿La revolución del siglo? Me¬
nos aún: algo más serio y mucho más intere¬
sante que eso. La cahficación de revolucionaria
sólo produce efecto entre el gran público; los
técnicos avisados desconfían, por el contrario,
de lo que ello implica de excesivo y de lo que
presagia costosas alteraciones. Al no ser ura
revolución, a la automación hay que identificar¬
la con una evolución continua cuyo origen se en¬
cuentra muy lejos y que en la actualidad conti¬
núa su marcha, sin que se pueda vislumbrar su
fin tan pronto... y puede ser que nunca. ¿No la
liga usted a la electrónica?, preguntará alguien.
Seguramente que no; algunas de sus realizacio¬
nes modernas, sin dar de lado a la electrónica,
dan la preponderancia a la pneumática, al mag¬
netismo, a la óptica y a otras disciplinas. Apor¬
tan sobre todo un perentorio ejemplo de la po¬
tencia que confiere una alianza íntima de técni¬
cas muy equivocadamente separadas en el pa¬
sado.
Yo me represento a la automación como uno
de los canales múltiples, largos y continuos, a
veces amplios, otras estrechos, por donde circula
el nrogreso técnico—¿qué digo?—el progreso
del hombre como ser total, porque la automación
inclmi'e “operaciones diversas, informativas o ma¬
teriales, particularmente científicas, industriales
o administrativas”. También la veo. si se prefie¬
re, como un viejo v precioso útil del hombre que
lentamente lo ha pulido mediante el uso y hov
le ha dado una magnífica pátina. La automación
le ha servido v le servirá aún para alejarse del
ejercicio directo de su fuerza muscular, en lo
que era inferior a los animales. Le ayuda a levan¬
tarse cada vez más alto v, poco a poco, le hace
conquistar un grandioso dominio sobre el mundo
material.
Pero no exageremos:
un dominio todavía, y
siempre, limitado...
A. LEAUTE
11
•'¿z
N
'■•f
.
Aros—. Tenemos toda la pro¬
la máquina;
brica de Talleres del Llo-
ducción vendida con varios me¬
balls hay que defender la bola
bregat,
ses de anticipación.
sin intervención de mecanismos
en
San
Numerosos clientes siguen pi¬
ajenos a la voluntad del jugador.
cercanos a Barcelona que cam¬
diendo modelos antiguos, como
No obstante este criterio, Ta¬
bia
fisonomía
el ‘Tndianápolis”, pese a ser un
lleres del Llobregat también ha
merced a la expansión indus¬
pin-ball con cinco años de exis¬
realizado
trial. Don Domingo Aros Du-
tencia. El señor Aros señala ha¬
máquinas de juego más compli¬
rán, director comercial-gerente
cia un rincón donde hay uno en
cado—como la “Haiti”—, pero
de la firma, nos acompaña en
reparación enviado por su pro¬
han comprobado que el merca¬
el recorrido por la fábrica y nos
pietario, que desea seguir explo¬
do español exige la sencillez. Y
informa
tándolo.
esta premisa se ha convertido
sobre
de
sus
diferentes
secciones. Visitamos en primer
lugar la nave de montaje. Varios
mecánicos manipulan sobre los
tableros,
mientras
suenan
—Ahora, en invierno, es la
•■'
'
en nuestros pin-
Baudilio, uno de tantos pueblos
velozmente
'.
\ ',.«A
os encontramos en la fá¬
situada
^,
varios
ensavos
«/
con
en el lema de Talleres del Llo¬
bregat.
mejor época para las ventas.
En el extremo de la nave de
los
montaje se encuentra el labora¬
familiares t a b 1 e t e o s de los
torio, donde se proyectan los
ABARATAR COSTES
i
“bumpers”. Alineadas en el cen¬
tro de la nave hay treinta pin-
balls de diferentes modelos que
saldrán
esa
misma
tarde
con
destino a Madrid.
Un
nuevos modelos.
—La tónica de todos nuestros
ancho
pasillo en ligero
declive conduce al almacén de
pin-balls es la sencillez—conti¬
salida
núa el señor Aros—. Nuestras
aquí reina incesante activida ■
máquinas
Otro grupo de obreros
están
adaptadas
al
de
máquinas.
También
^
4
—Nosotros no vendemos, nos
compra n—asegura
12
el
señor
gusto del jugador español. El
jugador debe trabajar más que
un pin-ball en una
Por una escalera metálica,
J

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